rilke
También es bueno amar, pues el amor es cosa difÃcil. El amor de un ser
humano hacia otro: esto es quizás lo más difÃcil que nos haya sido
encomendado. Lo último, la prueba suprema, la tarea final, ante la cual
todas las demás tareas no son sino preparación. Por eso no saben ni
pueden amar aún los jóvenes, que en todo son principiantes. Han de
aprenderlo. Con todo su ser, con todas sus fuerzas reunidas en torno a
su corazón solitario y angustiado, que palpita alborotadamente, deben
aprender a amar. Pero todo aprendizaje es siempre un largo perÃodo de
retiro y clausura. AsÃ, el amor es por mucho tiempo y hasta muy lejos
dentro de la vida, soledad, aislamiento crecido y ahondado para el que
ama. Amar no es, en un principio, nada que pueda significar absorberse
en otro ser, ni entregarse y unirse a él. Pues, ¿qué serÃa una
unión entre seres inacabados, faltos de luz y de libertad? Amar es más
bien una oportunidad, un motivo sublime, que se ofrece a cada individuo
para madurar y llegar a ser algo en sà mismo; para volverse mundo, todo
un mundo, por amor a otro. Es una gran exigencia, un reto, una demanda
ambiciosa, que se le presenta y le requiere; algo que lo elige y lo
llama para cumplir con un amplio y trascendental cometido. Sólo en este
sentido, es decir, tomándolo como deber y tarea para forjarse a sÃ
mismo "escuchando y martilleando dÃa y noche", es como los
jóvenes deberÃan valerse del amor que les es dado. Ni el absorberse
mutuamente, ni el entregarse, ni cualquier otra forma de unión, son
cosas hechas para ellos, que por mucho tiempo aún, han de acopiar y
ahorrar. Pues todo eso es la meta final. Lo último que se pueda
alcanzar. Es tal vez aquello para lo cual, por ahora, resulta apenas
suficiente la vida de los hombres.
